Leptospirosis en Tailandia: 3.303 casos y 46 muertes en la temporada de lluvias

Botas de un agricultor caminando entre el lodo tras lluvias intensas

La leptospirosis en Tailandia acumuló 3.303 casos y 46 muertes durante la temporada de lluvias de 2026. El conteo semanal de casos lleva por encima de la mediana de los últimos cinco años desde inicios de julio, y el aumento se reparte entre el sur, el norte y el noreste del país.

Qué dicen los datos tailandeses

Entre el 1 de enero y el 21 de julio de 2026, el Departamento de Control de Enfermedades registró 2.190 casos de leptospirosis y 30 muertes, una letalidad del 1,37%. En el mismo periodo se notificaron 1.654 casos de melioidosis —la llamada fiebre del suelo— con 77 muertes y una letalidad del 4,66%. Sumadas, las dos infecciones bacterianas de la temporada de lluvias superaron las cien muertes antes de agosto.

Los grupos de mayor riesgo que identifica la autoridad sanitaria son los agricultores, las personas de 50 años o más y cualquiera que trabaje en contacto directo con suelo, lodo o agua estancada. La transmisión ocurre sobre todo por heridas abiertas, abrasiones o piel reblandecida por la exposición prolongada a agua contaminada.

Por qué la leptospirosis se disfraza de dengue

Los síntomas aparecen entre una y dos semanas después de la exposición: fiebre alta de inicio brusco, dolor de cabeza intenso, dolor muscular fuerte sobre todo en pantorrillas y espalda, ojos rojos, náuseas y vómitos. Cualquier clínica en zona endémica ve ese cuadro diez veces por semana y lo llama dengue, con razón la mayoría de las veces.

La diferencia está en dos preguntas: si el paciente estuvo en contacto con agua o lodo de inundación, y si lo hizo descalzo o con heridas descubiertas. Sin tratamiento, la leptospirosis puede avanzar a fallo renal, fallo hepático y hemorragia pulmonar. Con tratamiento antibiótico oportuno, el curso cambia por completo. La letalidad publicada de 1,37% es el promedio de un país que sobre todo la detecta; en brotes donde se diagnostica tarde, la cifra sube.

Cómo se contagia y qué se puede prevenir

La bacteria entra por la piel lesionada, por mucosas o por ingestión de agua no potable. Por eso el riesgo se concentra en quien camina en agua estancada: agricultores, trabajadores de alcantarillado, personal de rescate y habitantes de zonas inundadas. La prevención es poco glamorosa y muy eficaz: botas de caucho, guantes, cubrir las heridas con vendaje impermeable, lavarse con agua y jabón después de la exposición y beber solo agua hervida o embotellada.

La melioidosis, la otra infección de la temporada, se comporta distinto: se adquiere por heridas, por ingestión o por inhalación de polvo contaminado durante tormentas, y golpea con especial dureza a las personas con diabetes, enfermedad renal o defensas bajas. Su letalidad de 4,66% explica por qué las autoridades tailandesas insisten en la consulta temprana: en la fiebre del suelo, el retraso pesa más que en casi cualquier otra infección bacteriana.

Qué debe quedar registrado en la consulta

El punto crítico no es el tratamiento, que está bien establecido, sino la sospecha. Un paciente que vuelve diez días después con fiebre y menos orina puede ser atendido por otro médico, en otro turno, con otro expediente. Si la pregunta sobre exposición a agua de inundación no quedó escrita en la primera visita, nadie la va a repetir.

En temporada de lluvias, esa pregunta tiene el mismo valor que la temperatura o la presión arterial. Y los datos que alimentan la vigilancia —fecha de inicio, procedencia, ocupación, evolución— son exactamente los mismos que el clínico necesita para decidir. Cuando se registran en el mismo lugar donde se atiende, la vigilancia y la buena práctica clínica dejan de ser dos tareas separadas.

La objeción: «esa es una enfermedad de agricultores»

En Tailandia las cifras le dan parte de razón: la mayoría de los casos son personas de 50 años o más con exposición ocupacional o ambiental. Pero el brote también alcanza a quien vive en una zona inundada sin ser agricultor, a quien cruza una calle anegada con sandalias y a quien participa en las labores de limpieza después de la crecida.

La segunda objeción es la inversa: pensar que en un país sin inundaciones el tema no aplica. La leptospirosis es de distribución mundial y circula en cualquier lugar con roedores, agua estancada y personas expuestas. Lo que cambia entre países es la frecuencia, no la existencia. El criterio para sospecharla es la exposición, no la geografía.

El siguiente paso

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Fuentes

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