Publicado: 19 de agosto de 2026 — 12:00 PM (GMT-6) | Oceanía
Un callo, una ampolla, una grieta o un pequeño corte en el pie. Para la mayoría de las personas, algo sin importancia. Para alguien que vive con diabetes, puede ser el inicio de una cadena de eventos que termina en una amputación. En las Islas Salomón, un país de casi 800 archipiélagos en el Pacífico Sur, las complicaciones del pie diabético son una de las principales causas de hospitalización y de amputación de miembros inferiores entre las personas con diabetes. Y hay un detalle que lo hace más difícil todavía: el país no tiene ni un solo podiatra.
El problema: amputaciones que se pueden evitar
La diabetes es una de las epidemias más grandes de la historia de la medicina. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que las personas que viven con esta enfermedad pasaron de 200 millones en 1990 a 830 millones en 2022, con un crecimiento más acelerado en los países de ingresos bajos y medios. La diabetes daña los vasos y los nervios: por eso causa ceguera, insuficiencia renal, infartos, accidentes cerebrovasculares y amputación de miembros inferiores. Solo en 2021, la diabetes y la enfermedad renal atribuible a ella causaron más de dos millones de muertes.
El pie diabético es la cara más cruel de esa lista: una herida pequeña que no cicatriza por la mala circulación y la pérdida de sensibilidad, se infecta, y sin tratamiento oportuno avanza hasta comprometer el hueso. La mayoría de esas amputaciones son prevenibles con detección temprana, cuidado adecuado de la herida y educación del paciente.
La solución: enfermeras con herramientas
Ante la ausencia total de podiatras —y con muy pocos cirujanos fuera de la capital—, el Ministerio de Salud y Servicios Médicos de las Islas Salomón, con el apoyo de la OMS, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Comercio de Nueva Zelanda y el Institute of Philanthropy, aplicó una estrategia distinta: en lugar de esperar al especialista que no existe, capacitó a los trabajadores de salud de primera línea, sobre todo enfermeras de atención primaria, en el manejo básico y avanzado de heridas diabéticas.
La capacitación incluye evaluación correcta de la herida, desbridamiento (retiro del tejido dañado), técnica estéril y selección del apósito adecuado según la severidad de cada caso. La enfermera Mevilyn Catherine Manetei, una de las coordinadoras del programa, lo explica con claridad: «Esto era completamente nuevo para nosotros, porque no tenemos podiatras en las Islas Salomón. Antes, muchos pacientes tenían que ser referidos al centro de diabetes. Ahora nuestra clínica tiene el potencial de hacer la evaluación, el desbridamiento y el cuidado de la herida nosotras mismas».
La lección de Mevilyn: acudir temprano
El programa parte de una convicción sencilla: el eslabón más débil no es la técnica, es el tiempo. Las heridas empeoran cuando el paciente espera en casa, pensando que «es solo un raspón». Por eso, además de las habilidades clínicas, el programa entrena a los trabajadores de salud para educar a cada paciente: revisar los pies a diario, revisar el interior del calzado, acudir a la clínica ante cualquier cambio en la piel y no automedicarse. «Educamos a los pacientes para que no esperen a que la herida empeore», dice Manetei. «Cuando vienen temprano, evaluamos rápido, tratamos y evitamos la amputación».
Los resultados se ven en las clínicas: heridas que sanan en semanas en lugar de meses, menos referencias al centro de diabetes y pacientes que recuperan la confianza en el sistema. La lección de fondo vale para cualquier país: en el pie diabético, la combinación de personal capacitado cerca de la comunidad y pacientes que entienden las señales de alarma previene más amputaciones que toda la tecnología del mundo llegando tarde.
Qué puede hacer tu consultorio hoy
Cinco acciones que cualquier clínica de América Latina puede implementar esta semana, sin equipamiento especial:
1. Examen de pies en cada control de diabetes. Dos minutos bastan: inspección visual, monofilamento o prueba de sensibilidad, y revisión de pulsos. Documentar el hallazgo en el expediente.
2. Enseñar la autoinspección. Entregar una guía escrita: revisar los pies cada noche, secarlos bien, cortar las uñas en línea recta y usar calzado cerrado.
3. Registrar el riesgo. Clasificar a cada paciente con diabetes en riesgo bajo, medio o alto de pie diabético, para que el seguimiento sea proporcional al peligro.
4. Tratar la herida pequeña como urgencia. Ante una úlcera o ampolla que no cicatriza en días, referir o tratar de inmediato; nunca esperar a la siguiente cita programada.
5. Medir resultados. Llevar el conteo de úlceras, amputaciones y referencias. Lo que se mide mejora; lo que no se mide se olvida.
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Fuentes: OMS Pacífico Occidental — Pie diabético en las Islas Salomón | OMS — Diabetes (hoja informativa)


