Publicado: 9 de agosto de 2026 — 12:00 PM (GMT-6) | África
La enfermedad infecciosa que más mata sigue esperando una vacuna para adultos
Cada año, la tuberculosis (TB) mata a más personas que cualquier otra enfermedad infecciosa. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2024 enfermaron 10,7 millones de personas y fallecieron 1,23 millones, de las cuales unas 150.000 vivían con VIH. Es, además, una de las principales causas de muerte relacionadas con la resistencia a los antimicrobianos: solo 2 de cada 5 personas con TB multirresistente accedieron a tratamiento ese año.
La distribución de esa carga es profundamente desigual: la incidencia más alta del planeta se concentra en África, donde la TB convive con la desnutrición, el VIH y sistemas de salud sobrecargados. Y mientras la región espera, la única vacuna disponible cumple ya más de un siglo de edad.
Una vacuna de 1921 que no alcanza
La BCG, creada en 1921, sigue siendo la única vacuna autorizada contra la TB. Su valor es real: protege a los niños de las formas graves, como la meningitis tuberculosa y la TB miliar. Pero su eficacia contra la TB pulmonar del adulto —la forma que mantiene la transmisión— es variable y en muchos ensayos baja o nula. El resultado es que la humanidad lleva décadas sin una herramienta capaz de cortar la cadena de contagio.
El contexto agrava el problema: se estima que una cuarta parte de la población mundial tiene infección tuberculosa latente (el bacilo dormido, sin síntomas ni contagio) y que entre el 5% y el 10% de esos infectados desarrollará la enfermedad a lo largo de su vida. Una vacuna que impidiera esa progresión cambiaría las reglas del juego. Por primera vez en un siglo, existe una candidata seria: la M72/AS01E.
El ensayo que devolvió la esperanza
En diciembre de 2019, The New England Journal of Medicine publicó el análisis final del ensayo de fase 2b de la vacuna M72/AS01E, liderado por Tait y colaboradores. Participaron 3.573 adultos de 18 a 50 años con infección latente confirmada por prueba IGRA, reclutados en centros de Kenia, Sudáfrica y Zambia. Cada participante recibió dos dosis separadas por un mes.
Los resultados marcaron un antes y un después: en el análisis inicial, la eficacia contra la TB pulmonar confirmada bacteriológicamente fue del 54,0%; al completar los 36 meses de seguimiento, se mantuvo en 49,7% (13 casos en el grupo vacuna frente a 26 en el grupo placebo, con una incidencia de 0,3 frente a 0,6 casos por cada 100 personas-año). La respuesta inmune —anticuerpos específicos y linfocitos T CD4+— se sostuvo durante todo el seguimiento, y los eventos adversos graves fueron similares entre ambos grupos. Dicho en términos simples: por primera vez, una vacuna redujo a la mitad la progresión de la infección latente a enfermedad activa en adultos.
La fase 3 que ilusiona a África
Ese resultado abrió la puerta al ensayo de fase 3, financiado por Wellcome y la Fundación Bill y Melinda Gates, que prevé reclutar a unas 7.000 personas con infección tuberculosa latente en múltiples centros de Sudáfrica, Zambia, Tanzania, Malaui, Mozambique y Kenia, además de Indonesia y Vietnam. Se espera que los resultados estén disponibles hacia 2028.
El diseño de esa fase 3 no es improvisado: un artículo publicado en Vaccine en 2025, firmado por Dale y Denholm, analizó cómo optimizar el ensayo a partir de los datos de la fase 2b, afinando criterios de selección, definiciones de caso y tamaño de muestra para maximizar la posibilidad de demostrar eficacia. Es la primera vez en cien años que una vacuna contra la TB llega tan lejos en el desarrollo clínico.
Por qué debería importarte en América Latina
Aunque la carga de TB en América Latina es menor que en África, la enfermedad sigue activa en la región, con brotes de TB multirresistente que complican tratamientos de seis meses o más. Una vacuna eficaz para adultos transformaría las estrategias de control: permitiría proteger a contactos, personal de salud y pacientes con infección latente de alto riesgo. Mientras tanto, la recomendación para tu consulta no cambia: sospechar TB ante tos de más de dos semanas, notificar los casos, evaluar a los contactos y vigilar de cerca a quienes viven con infección latente, especialmente si son candidatos a terapia preventiva.


