Publicado: 6 de agosto de 2026 — 10:00 AM (GMT-6) | Oceanía
Australia tiene un récord incómodo: más de dos de cada tres australianos serán diagnosticados con cáncer de piel en algún momento de su vida, unas 2.000 personas mueren cada año por esta causa y el país registra una de las tasas más altas del mundo. En 2023, solo en carcinomas basocelulares y escamosos (los cánceres de piel no melanoma) se realizaron más de un millón de tratamientos: más de 100 por hora. La buena noticia es que la mayoría de estos cánceres son prevenibles, y Australia lleva décadas construyendo el modelo de prevención más estudiado del planeta: la campaña SunSmart. Estas son sus cinco estrategias, aplicables en cualquier consultorio latinoamericano.
La regla de oro: el índice UV
Antes de las cinco estrategias, el principio que las ordena: la Organización Mundial de la Salud y SunSmart recomiendan protegerse cuando el índice UV es de 3 o más, aunque el día esté nublado, porque la radiación ultravioleta atraviesa las nubes. Esa es la señal que dispara el eslogan australiano “Slip, Slop, Slap, Seek, Slide”: camisa, protector, sombrero, sombra y lentes.
1. Protector solar SPF 50+ de amplio espectro
Aplicarlo 20-30 minutos antes de la exposición y reaplicarlo cada dos horas, y después de nadar, sudar o secarse con toalla. El error más común —”me lo puse una vez en la mañana”— es también el que más melanoma permite: la protección no dura todo el día. El protector complementa, no reemplaza, a la ropa y la sombra.
2. Ropa y sombrero: la primera barrera
La ropa de manga larga con tejido tupido (idealmente con factor UPF) y un sombrero de ala ancha que cubra orejas, cara y nuca bloquean la radiación de forma constante, sin depender de que el paciente recuerde reaplicar nada. Es la estrategia recomendada para niños, que acumulan exposición desde edades tempranas: la OMS advierte que la exposición excesiva en la infancia y la adolescencia contribuye al cáncer de piel en la vida adulta.
3. Sombra y horarios
Evitar el sol entre las 10:00 y las 16:00 horas, cuando la radiación es máxima, y buscar sombra (árboles, toldos, sombrillas) durante las actividades al aire libre. La sombra reduce la exposición directa, aunque el reflejo en arena, agua o concreto sigue representando un riesgo, por lo que debe combinarse con las demás medidas.
4. Lentes de sol con protección UV
La piel no es el único órgano en riesgo. La OMS estima que unos 15 millones de personas en el mundo son ciegas por cataratas y que cerca del 10% de esos casos podría deberse a la exposición a radiación ultravioleta. Los lentes con filtro UV400, sumados al sombrero, protegen ojos y párpados.
5. Autoexamen mensual y chequeo dermatológico
Conocer la propia piel y revisarla una vez al mes con la regla ABCDE (asimetría, bordes irregulares, color heterogéneo, diámetro mayor a 6 mm, evolución) permite detectar melanomas en fase temprana, cuando la supervivencia supera el 95%. En pacientes de alto riesgo (piel clara, muchos lunares, antecedente familiar, quemaduras solares previas), el chequeo dermatológico anual es la recomendación estándar.
Cómo aplicarlo en América Latina
Gran parte de la región vive cerca del ecuador, con índice UV alto durante todo el año: el consejo de protección solar no debería ser estacional. En consulta, un minuto alcanza: preguntar por la exposición ocupacional o recreativa, enseñar el ABCDE y recomendar el protector de amplio espectro como hábito diario, no solo en la playa. La OMS aclara, eso sí, que una exposición corta y moderada sigue siendo necesaria para la síntesis de vitamina D: la meta no es vivir a oscuras, sino proteger la piel cuando el índice UV supera el umbral.


