Un estudio liderado por la Universidad de Granada (UGR) reveló que el ayuno intermitente 16:8 —que restringe la alimentación a una ventana de ocho horas diarias— no solo ayuda a perder peso durante la intervención, sino que sus beneficios se mantienen hasta un año después. Publicado en la revista Clinical Nutrition, el hallazgo representa un avance significativo en la lucha contra la obesidad, una epidemia que afecta a más de 650 millones de adultos en el mundo.
El estudio: 99 adultos, dos ventanas horarias y un año de seguimiento
El ensayo clínico incluyó a 99 adultos con sobrepeso u obesidad —la mitad mujeres— que siguieron un programa estructurado de ayuno intermitente durante 12 semanas. Los participantes se dividieron en tres grupos: un grupo con ventana temprana (alimentación entre las 9:00 y las 17:00), otro con ventana tardía (entre las 13:00 y las 21:00), y un grupo control que mantuvo un horario de alimentación de 12 horas o más.
Coordinado por la doctora Alba Camacho Cardeñosa, investigadora del Instituto Universitario Mixto de Deporte y Salud (iMUDS) de la UGR y del Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (ibs.GRANADA), el estudio contó con la colaboración de la Universidad Pública de Navarra y el Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER). Los resultados demostraron que ambos grupos de ayuno intermitente preservaron significativamente más pérdida de peso que el grupo control, y aquellos con la ventana temprana también conservaron una mayor reducción de masa grasa.
¿Por qué el ayuno intermitente funciona a largo plazo?
El profesor Jonatan Ruiz Ruiz, jefe del grupo de investigación PROFITH CTS-977 de la UGR, explicó que el éxito del método 16:8 radica en que no exige contar calorías ni eliminar grupos de alimentos, lo que lo hace más sostenible que las dietas tradicionales. Al reducir la ventana de alimentación, se produce una restricción calórica natural sin la sensación de privación que suele llevar al abandono de otros regímenes.
Los investigadores observaron que los beneficios persistieron independientemente de si los participantes comían temprano o tarde, lo que sugiere que la duración del ayuno, más que el momento del día, es el factor determinante. Además, el grupo de ventana temprana mostró una ventaja adicional en la reducción de grasa corporal, probablemente por una mejor sincronización con los ritmos circadianos del metabolismo.
Implicaciones para la salud pública
La obesidad es un factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y ciertos tipos de cáncer. Que una intervención de solo 12 semanas produzca efectos mensurables un año después abre la puerta a programas de salud pública más efectivos y de menor costo. La Universidad de Granada planea ahora ampliar el estudio a poblaciones más diversas para confirmar estos hallazgos.
“El ayuno intermitente puede ser práctico a corto plazo y producir efectos que continúan mucho después de que termine el programa inicial”, señaló la doctora Camacho Cardeñosa. Esto representa un cambio de paradigma respecto a las dietas convencionales, cuyos efectos suelen desaparecer al abandonarlas.
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Fuente: University of Granada. “Intermittent fasting helped people keep weight off for a year.” ScienceDaily, 18 July 2026.


