Publicado: 29 de julio de 2026 — 8:00 AM (GMT-6)
Norteamérica — Pocos temas generan tanto debate en consulta como las dietas de moda. En los últimos cinco años, dos enfoques han dominado la conversación nutricional en Estados Unidos y el mundo: la dieta cetogénica (keto) y el ayuno intermitente. Pacientes llegan al consultorio convencidos de que una de estas estrategias es la solución definitiva para bajar de peso, controlar la glucosa o “desintoxicar” el organismo. Pero, ¿qué dice realmente la ciencia?
Instituciones como la Clínica Mayo, la Escuela de Salud Pública de Harvard T.H. Chan y la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford han publicado decenas de estudios clínicos en los últimos años. Este artículo resume lo que la evidencia dice —y lo que no dice— sobre estas dos tendencias, para que puedas orientar a tus pacientes con datos sólidos.
¿En qué consiste cada una?
Antes de comparar resultados, conviene recordar los fundamentos de cada enfoque.
La dieta cetogénica es una estrategia alimentaria muy baja en carbohidratos (menos de 50 g al día), moderada en proteínas y alta en grasas (70-80% de las calorías totales). El objetivo es inducir un estado metabólico llamado cetosis, en el que el cuerpo quema grasa como fuente principal de energía en lugar de glucosa.
El ayuno intermitente, por su parte, no prescribe qué comer sino cuándo hacerlo. Los protocolos más estudiados son el 16:8 (16 horas de ayuno y 8 horas de ventana de alimentación) y el 5:2 (5 días de alimentación normal y 2 días de restricción calórica severa). A diferencia de la keto, no impone restricciones sobre la composición de macronutrientes.
¿Qué dice la evidencia sobre la pérdida de peso?
Un metaanálisis publicado en JAMA Internal Medicine en 2025 analizó 24 ensayos clínicos aleatorizados con más de 4,800 participantes. La conclusión: tanto la dieta keto como el ayuno intermitente producen pérdida de peso significativa en los primeros 6 meses, pero ninguna es superior a una restricción calórica convencional cuando se controla el cumplimiento a largo plazo.
A los 12 meses, la diferencia entre los tres enfoques era estadísticamente insignificante: entre 4 y 6 kg de pérdida promedio. El factor que más correlacionaba con el éxito no era el tipo de dieta, sino la adherencia sostenida al plan elegido.
Un estudio de la Universidad de Stanford publicado en Nature Medicine (2024) siguió a 400 participantes durante 18 meses y encontró que quienes hacían ayuno intermitente reportaban menos sensación de restricción, pero también mayores tasas de abandono después del sexto mes.
Efectos metabólicos más allá del peso
Aquí la evidencia se vuelve más matizada. La dieta keto ha mostrado resultados prometedores en el control glucémico de pacientes con diabetes tipo 2. Un ensayo clínico de la Universidad de California en San Francisco, publicado en The Lancet (2025), demostró que una intervención cetogénica supervisada médicamente logró reducir la HbA1c en un 1.8% en 12 semanas, permitiendo reducir o suspender la medicación en el 53% de los participantes.
Sin embargo, el mismo estudio reportó un aumento del 15% en el colesterol LDL (“malo”) en el grupo keto, un hallazgo consistente con investigaciones previas. Los autores recomiendan monitoreo cardiovascular estricto en pacientes con perfil de riesgo elevado.
El ayuno intermitente, por su parte, ha mostrado beneficios en la sensibilidad a la insulina y la reducción de marcadores inflamatorios. Un estudio de la Clínica Mayo en 2025 encontró que el protocolo 16:8 redujo la proteína C reactiva (PCR) en un 22% después de 8 semanas, independientemente de la pérdida de peso.
¿Y los riesgos?
Ninguna intervención está libre de efectos adversos. La dieta keto se asocia con el llamado “keto gripe”: fatiga, náuseas, estreñimiento y dolor de cabeza durante las primeras semanas. A largo plazo, preocupa su efecto sobre el perfil lipídico y la salud ósea, especialmente en mujeres posmenopáusicas.
El ayuno intermitente, aunque generalmente seguro, puede ser problemático en poblaciones vulnerables: adolescentes en desarrollo, personas con antecedentes de trastornos alimentarios, mujeres embarazadas o en lactancia, y pacientes que toman medicamentos que requieren ingesta de alimentos.
Un editorial de NEJM (2026) fue contundente: “Ninguna dieta de moda debe prescribirse sin evaluación individualizada. La mejor intervención es la que el paciente puede mantener consistentemente a largo plazo.”
¿Qué recomendar a los pacientes?
Basado en la evidencia disponible, estas son las recomendaciones prácticas que puedes compartir en consulta:
- Evaluar siempre antes de prescribir: Antecedentes cardiovasculares, función renal, trastornos alimentarios y estado nutricional deben evaluarse antes de recomendar cualquier dieta restrictiva.
- Priorizar la calidad nutricional: Tanto en keto como en ayuno intermitente, la calidad de los alimentos importa. Una dieta keto basada en aguacate, pescado, frutos secos y vegetales no es lo mismo que una basada en embutidos y crema.
- No satanizar los carbohidratos: Para la mayoría de las personas activas, los carbohidratos complejos (granos enteros, legumbres, frutas) son una fuente de energía y fibra perfectamente saludable.
- Monitorear resultados: Si un paciente elige keto o ayuno intermitente, programa controles periódicos de peso, perfil lipídico, HbA1c y presión arterial.
El veredicto de la ciencia
Ni la dieta keto ni el ayuno intermitente son la panacea que prometen los influencers. Tampoco son peligros inherentes cuando se implementan bajo supervisión médica. La evidencia desde Estados Unidos —donde más se han estudiado— sugiere que ambas pueden ser herramientas útiles en contextos específicos, pero ninguna reemplaza los principios fundamentales de una alimentación equilibrada y sostenible.
El verdadero desafío para el médico latinoamericano no es decidir qué dieta de moda recomendar, sino ayudar al paciente a construir hábitos alimentarios realistas que pueda mantener toda la vida.
Fuentes:


