El sarampión en las Américas acumuló 55.792 casos confirmados y 77 muertes hasta el 3 de octubre de 2026. Son 4,8 veces más casos que en el mismo periodo de 2025, repartidos en 17 países y territorios, y el 99,5% se concentra en cinco países.
El informe de situación regional número 13 de la OPS, publicado el 8 de octubre, sitúa a Guatemala con 34.355 casos, México con 13.595, Estados Unidos con 3.887, Perú con 2.553 y Canadá con 1.121. De las 77 muertes notificadas, 50 ocurrieron en Guatemala y 23 en México; Estados Unidos y Perú registraron su primera defunción por sarampión del año.
Qué dicen los datos de las últimas semanas
La tendencia de fondo es de desaceleración: en las semanas epidemiológicas 37 y 38 se notificaron 687 casos nuevos, un 35% menos que en la quincena anterior. Estados Unidos aportó 293, Guatemala 200, Perú 155, México 34 y Bolivia 3, mientras Canadá y Brasil notificaron un caso cada uno.
Ese descenso conviene leerlo con cuidado. En el informe número 12, 333 casos se incorporaron retrospectivamente, y la propia OPS advierte que los retrasos de notificación pueden subestimar los totales. Un brote de sarampión no se declara controlado por dos semanas buenas: se declara controlado cuando la transmisión sostenida se corta en todos los focos, y eso exige vigilancia completa, no solo vigilancia alta.
Por qué una vacuna que existe desde 1963 no alcanza
El sarampión es una de las enfermedades más transmisibles que existen: el virus viaja por el aire y una sola persona infectada puede contagiar a buena parte de un grupo susceptible. La protección colectiva necesita coberturas del 95% con dos dosis.
En 2025 la región alcanzó el 88% con la primera dosis de la vacuna triple viral y el 85% con la segunda. La diferencia entre ese 88% y el 95% no es un detalle estadístico: es la cantidad de personas que quedan dentro de un brote. Cada punto de cobertura que falta se convierte en un grupo de población donde la enfermedad encuentra terreno.
El riesgo sube con los eventos masivos
El 9 de octubre la OPS elevó a «muy alto» el riesgo de propagación en la región por los eventos religiosos masivos previstos en América del Sur, que multiplican los viajes internos e internacionales en los próximos meses. Su recomendación para los viajeros de seis meses o más sin prueba de dos dosis ni evidencia de inmunidad es recibir una dosis de la vacuna contra sarampión y rubéola, preferiblemente dos semanas antes de viajar.
Para una clínica, ese escenario cambia la agenda: más consultas de viajero, más solicitudes de certificados de vacunación y más fiebres con sarpullido en sala de espera. La fiebre con exantema en una persona no vacunada que volvió de una zona con transmisión activa deja de ser un caso pediátrico común y pasa a ser una sospecha que se notifica el mismo día.
Qué hace la diferencia en la consulta
El sarampión tiene una ventana de contagio que empieza antes del sarpullido, cuando el paciente todavía anda con fiebre, tos y ojos rojos y no parece un caso grave. Eso significa que la contención se decide con la primera consulta, no con el resultado del laboratorio.
Tres datos sostienen esa decisión: estado de vacunación, antecedente de viaje o contacto en las tres semanas previas y fecha exacta de inicio de los síntomas. Si esos tres datos quedan en notas sueltas, o en la memoria de quien atendió el primer turno, la búsqueda de contactos empieza tarde y por el paciente equivocado. En un brote regional activo, la diferencia entre un caso contenido y un foco familiar es la velocidad con la que el equipo puede reconstruir a quién vio y cuándo.
La objeción: «yo estoy vacunado, esto es de niños»
La mayoría de los casos notificados ocurre en personas no vacunadas o con antecedentes de vacunación desconocidos. Ese «desconocido» es el problema práctico: hay adultos que recibieron una sola dosis, personas nacidas en décadas en que la vacunación no estaba sistematizada y pacientes que no pueden demostrar su esquema.
La segunda objeción es la de siempre: pensar que la enfermedad es leve. La letalidad global del sarampión ronda una muerte por cada mil casos, y esa cifra empeora muchísimo en desnutrición, menores de un año y personas inmunosuprimidas. Con 77 muertes confirmadas en la región en nueve meses, la pregunta ya no es si el sarampión puede matar, sino cuántos de esos casos pasaron por una consulta en la que nadie preguntó por el esquema de vacunación.
El siguiente paso
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Fuentes
- OPS/OMS — Informe de situación regional n.º 13 sobre el sarampión en las Américas, 8 de octubre de 2026 (datos a la semana epidemiológica 39).
- OPS — evaluación regional de riesgo del 9 de octubre de 2026 ante los eventos religiosos masivos.
- OPS — panel regional de vigilancia y datos de cobertura de vacunación SRP reportados por los países.


