La fiebre amarilla en América volvió a niveles que no se veían desde hacía décadas: 346 casos confirmados en 2025, 5,6 veces más que en 2024.
Este artículo ordena las cifras que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) publicó en su alerta epidemiológica de marzo de 2026 y traduce el brote en algo que una clínica puede usar. La promesa es concreta: al terminar sabrás por qué una enfermedad que tiene vacuna desde hace casi un siglo sigue matando a cuatro de cada diez personas que la contraen y qué debe tener listo tu equipo antes de que aparezca el próximo caso.
Qué dicen los datos
Entre la semana epidemiológica 1 y la 53 de 2025, la OPS recibió la notificación de 346 casos humanos confirmados de fiebre amarilla en siete países de las Américas, con 143 defunciones y una tasa de letalidad del 41%. La comparación con el año anterior es la que enciende la alerta: en 2024 se habían confirmado 61 casos, de modo que el aumento fue de 5,6 veces.
La distribución tampoco fue pareja. Colombia concentró 125 casos y 46 muertes; Brasil, 120 casos y 48 muertes; Perú, 49 casos y 19 muertes; Venezuela, 32 casos y 19 muertes. Ecuador sumó 11 casos con ocho defunciones, Bolivia ocho casos con dos muertes, y Guyana una defunción sin casos confirmados adicionales. Cuatro países reunieron la mayor parte de la carga de todo el continente.
De la Amazonía a São Paulo y Tolima
El rasgo que más preocupa a la OPS no es solo el número, sino el mapa. Desde septiembre de 2024 los casos aparecen en zonas sin transmisión documentada durante años. En Brasil, la mayoría de los casos de 2025 se notificaron en el estado de São Paulo, con 29 municipios afectados; en Colombia, en el departamento de Tolima. Ninguna de esas dos regiones forma parte del núcleo amazónico donde la enfermedad es habitual.
En Venezuela la situación fue parecida: la OPS registró casos en 22 parroquias que no estaban clasificadas como zonas de riesgo, repartidas en cuatro estados, y las entidades cercanas a la onda enzoótica de San Camilo concentraron el 61% de los casos de 2025.
La explicación que da la OPS es la del ciclo selvático: el virus circula entre mosquitos de dosel y reservorios no humanos, y cuando la actividad humana se cruza con el borde del bosque, el contagio salta a las personas. Que esos casos ocurran cerca de centros urbanos es lo que aumenta el riesgo de que se establezca el ciclo urbano, el que transmite el mosquito Aedes aegypti.
Por qué la letalidad es tan alta
La fiebre amarilla no tiene tratamiento específico: se maneja con soporte. La OPS recuerda que la mitad de los pacientes que entran en la fase tóxica fallece en un plazo de siete a diez días, y que esa fase —fiebre alta que reaparece, ictericia, dolor abdominal, vómitos y sangrados— aparece cuando la enfermedad ya afecta hígado y riñones.
Eso explica por qué la letalidad del brote se mantiene por encima del 40% y por qué la detección temprana pesa tanto. Un caso que se reconoce tarde llega al hospital cuando el margen de maniobra se agotó, y las muertes del brote se concentran entre personas no vacunadas.
2026: la alerta sigue vigente
El año en curso no empezó mejor. Entre la semana 1 y la 7 de 2026 la OPS confirmó 34 casos en cuatro países, con 15 muertes y una letalidad del 44%. Colombia aportó 25 de esos casos y 13 de las muertes; Venezuela, seis casos con una defunción; Bolivia, una defunción; y Perú, dos casos.
La OPS mantiene la clasificación de riesgo general para las Américas en «Alto» desde febrero de 2025, y la actualizó en mayo de ese año por el aumento de casos, las tasas de letalidad y la propagación a zonas antes no afectadas.
Lo que la OPS pide a los servicios de salud
La recomendación de la OPS es operativa y tiene cuatro frentes: reforzar la vigilancia en zonas enzoóticas, intensificar la vacunación de las poblaciones en riesgo, garantizar que los viajeros que se dirigen a zonas con casos estén informados y protegidos, y fortalecer el manejo clínico con énfasis en la detección y el tratamiento oportuno de los casos graves. También recomienda mantener dosis de reserva para responder con rapidez a posibles brotes.
La vacuna es segura, de dosis única y protege de por vida. El problema, otra vez, no es la falta de una herramienta, sino saber quién está protegido y quién no.
La objeción: «la fiebre amarilla es cosa de la selva»
Es la frase que deja desprotegidas a las zonas que nunca habían visto un caso. El brote de 2025 lo desmiente: los focos nuevos aparecieron en ciudades y departamentos que no estaban en el mapa clásico de la enfermedad, y la detección de casos selváticos cerca de zonas pobladas es justo lo que la OPS advierte como señal de riesgo urbano.
Para una clínica, eso se traduce en una pregunta muy poco romántica: ¿puede tu equipo saber, en la consulta, si este paciente tiene la vacuna al día o si viaja en dos semanas a una zona con casos? Si la respuesta depende de la memoria de alguien o de buscar fichas en papel, la protección es una lotería.
El siguiente paso
Si tu clínica no puede revisar hoy qué pacientes tienen la vacuna de fiebre amarilla al día ni quiénes viajan a zonas de riesgo, ese es el punto a resolver. Revisá cómo Salutexa deja el estado de vacunación y los antecedentes de viaje a la vista en cada consulta 👉 salutexa.com/faq


